Visto
a distancia, da la impresión de un soberbio edificio,
a tono con las modernas edificaciones de la ciudad. Pero considerada
de cerca y al detalle, se ofrece como gallarda obra de arquitectura,
como obra monumental y como hermoso fruto de la devoción
y gratitud de favores hacia la Virgen Blanca.
En
su fachada principal destaca la imagen pétrea de la Virgen
de Fátima de 4 metros de altura, esculpida por Failde,
mirando hacia las estatuas de los tres videntes, sitos
en la plazuela del atrio.
En
el interior los bancos son de madera de castaño con el
anagrama de la virgen y dos florones simétricos. En los
extremos, águilas de gran tamaño. Fueron tallados
por los escultores ourensanos Hermanos Núñez.
En
los laterales hay seis ventanales de vidrio antiguo, alemán,
de 6,25 metros de altura que representan a la anunciación,
el nacimiento del Señor, la visitación, la purificación,
la corredención y la mediación.
Existen
tambien en las paredes laterales mosaicos romanos policromados,
de los cuales es autor el catalán Padrós, que
representan diversos pasajes bíblicos.
En
el ábside se abre el camarín de la imagen
de Nuestra Señora de Fátima. que peregrinó
por todos
los
pueblos de la diócesis
ourensana. En los plementos el artista Don José Pérez
plasmó, en altorrelieve, los símbolos
marianos cuyos bocetos se deben
a Don Jesús Soria González, Catedrático
de dibujo, quién, a su vez es el autor de los bocetos
de toda la policromía de los ventanales y puertas que
luce el Santuario.
Debajo
del camarín de la virgen y detrás del altar se
encuentra una hornacina que aloja una imagen de nuestra señora
de Fátima de 65 centímetros de altura, fundida
en plata por Malingre, según modelo de Liste, y que besan
los peregrinos. Cierra esta hornacina una doble puerta fundida
en niquel, cuyo exterior ofrece los bustos de los papas Pío
XII y Juan XXIII. El interior está decorado con objetos
de plata y oro, ofrendas de los devotos y peregrinos.
Existen también seis vidrieras artísticas que
representan a Francisco y Jacinta y las apariciones del Ángel
en Cova de Iría, obra de Mauméjean de Madrid.
En
los muros del presbiterio cuelgan también los escudos
de armas, fundidos en níquel e incrustados en mármol
verde, de los dos obispos Blanco Nájera y Temiño
Saiz.
Los
ambones y el comulgatorio están fabricados en bronce
y níquel, en Fundiciones Malingre, según boceto
de Jesús Soria y hermanos Núñez. Sus racimos
y espigas aluden a la eucaristía.
El
reloj del santuario muestra una esfera original sobre rosetón
de piedra en el que se lee: “ave virgo alba”. Las nueve
campanas han sido fundidas en Holanda, con el bronce donado
por devotos. Cada una tiene su nombre propio. Cuenta con un
dispositivo automático para las sonerías: "el
trece de mayo, ave maria y laudate mariam". |